En
el capítulo primero, se despliega la admirable labor de Ricardo Palma al
actualizar y transformar su célebre "Los Polvos de la Condesa". A
medida que nuevas revelaciones emergían, Palma tejía una nueva versión de su
tradición. Gracias a estas pistas, hemos podido desentrañar, un siglo después,
la identidad del jesuita Agustín Salumbrino como el hijo de Ignacio de Loyola
que curó a la condesa con la corteza del árbol de la quina.
La
pluma de Palma, no obstante, no se limitaba a la historia. Cuando la verdad se
escondía, su imaginación tomaba las riendas. Como él mismo expresó en su poema
"Preludio Obligado": "Aquello que calla la Historia
adivino". Palma se tomaba estas licencias, ya que sus "Tradiciones
Peruanas" eran obras literarias y no solo relatos históricos.
Así, en Los Polvos de la Condesa, versión final, Palma empieza
refiriendo el suceso de la enfermedad de la condesa a junio de 1631. Sin embargo, el Diario de Suardo narra
que quién sufría de la malaria durante los meses de mayo y junio de 1631 era el
virrey y no la virreina. Es más, por las actividades públicas en que participó
la condesa en ese mes podemos concluir que gozaba de buena salud. El día
15 de junio por la mañana asistió a la misa en el convento de monjas de la
Santísima Trinidad y por la tarde en coche a una exhibición de la caballería en
las afueras de la ciudad. El 19 asistió a la procesión del Corpus Cristi y a
una comedia.
La carta del general de la Compañía de Jesús en Roma Mutio Vitelleschi al padre Nicolás Durán Mastrilli, provincial de la Compañía en el Perú que hemos transcrito en el capítulo 1 confirma la veracidad de la leyenda de la Condesa de Chinchón y de la malaria que sufrió. Como veremos, tanto la virreina como el virrey fueron aquejados por la enfermedad, la primera en 1630 y el segundo en 1631.
Sospechamos
que la condesa sufrió la malaria en la primavera de 1630, estación en la que
aparecían en Lima en abundancia los mosquitos de trompetilla como los llamaba
Ricardo Palma en varias de sus tradiciones y que la ciencia moderna los
califica dentro del género de los insectos Anopheles. Esto ocurrió antes de
cumplirse los dos años de arribar al Perú basándonos en un acontecimiento
narrado por el clérigo Juan Antonio Suardo en su Diario de Lima. El virrey
había encargado al clérigo llevar una relación de los hechos importantes que
ocurrían en el virreinato durante su gobierno el mismo que cubre casi una
década. Como se sabe, el manuscrito fue hallado por el padre Rubén Vargas
Ugarte S.J. en el Archivo de Indias de Sevilla en las primeras décadas del
siglo XX, siendo evidente que Palma no lo conocía.
Ricardo Palma empieza su tradición Los Polvos de la Condesa haciendo alusión a un galeón que acababa de dar fondo en el Callao con importantísimas nuevas de España, ¿tanta era la agitación palaciega y popular! Sin embargo, el tradicionalista no nos dice cual era esa tan importante noticia. Bien podría haber sido la del nacimiento del príncipe heredero, lo cual reforzaría nuestra hipótesis de que la Condesa de Chinchón sufrió la malaria en noviembre de 1630.
El domingo 03 de noviembre de 1630, a las siete de la mañana, por orden del virrey el capitán de artillería mandó sacar ocho piezas a la plaza para hacer salva por haberse recibido noticias del nacimiento de Baltasar Carlos primogénito del rey Felipe IV de España.
Recibida la noticia, las campanas de todas las iglesias repicaban, por la noche se encendieron luminarias por toda la ciudad. Sin duda fue uno de los mayores acontecimientos celebrados en la ciudad de Lima y en el puerto del Callao en los casi diez años del gobierno del Virrey Conde de Chinchón. Al día siguiente la plaza amaneció llena de árboles que mandaron plantar los comerciantes para representar el bosque donde Jasón fue con los argonautas a la conquista del Vellocino de Oro. El evento se realizó no obstante el virrey pasó una mala noche por un mal de ijada, según informa Suardo. Como se podrá imaginar, sólo un evento extraordinario podría haber justificado ante la Real Audiencia, la autoridades, el pueblo y su Majestad el Rey de España la interrupción de las celebraciones.
Un día después hubo
procesión del clero y órdenes religiosas. Los días siguientes continuaron los
repiques de campana, salvas de la artillería, comedias y celebraciones en la
iglesia metropolitana. Los confiteros mandaron jugar toros y repartieron muchos
dulces, los pulperos dieron una comida en la plaza e hicieron una comedia, se
otorgaron indultos a los presos y se liberó a un gran número de ellos. Los
gorreros y sombrereros hicieron fiesta con fuegos artificiales al igual que los
sastres y zapateros. Llama poderosamente la atención que en ninguna de estas
festividades se da cuenta de la explicita presencia de la virreina.
Siguiendo
con las celebraciones por el nacimiento del futuro rey el día 24 de noviembre
de 1630 la importante hermandad de los plateros, incluidos los de oro y plata,
anunciaron una fiesta de toros con una gran competencia y premios para el
martes 26 del dicho mes. Sin embargo, sorpresivamente este importante evento se canceló ese día. Suardo en su Diario da cuenta de ello en los términos
siguientes:
“A
26, la Señora Virreyna amaneció mala de achaque de aversele inflamado la
garganta y los médicos la mandaron sangrar dos veces, a cuya causa Su
Excelencia del Señor Conde mandó suspender la fiesta de los toros que tenían
prevenida los plateros y colgado los premios debaxo de los corredores de Su
Excelencia.”
La
suspensión por el virrey de la fiesta de toros de los plateros en honor al
futuro Rey por una enfermedad de garganta de la Condesa Virreina resulta
inexplicable, salvo que conjeturemos que su ausencia a todas las fiestas por el
nacimiento del primogénito real y la inflamación de garganta se debía a una
grave dolencia que padecía y que estaba en su lecho moribunda como
dice Ricardo Palma. Como se sabe un síntoma de la malaria es la tos
persistente. El virrey tendría que haber tenido una poderosa razón para
justificar, de ser necesario, detener las festividades reales. Resulta por
demás extraño también que Suardo haya dado cuenta de un tema de salud
importante propio de la vida privada de la Condesa Virreina, cosa que jamás se
repitió. Como secretario del virrey anotaba en su Diario los múltiples achaques
que aquejaban al virrey, pero no a la virreina cuya intimidad le estaba
vedada.
Es
poco lo que agrega Suardo sobre la enfermedad de la virreina. Al día siguiente,
27 de noviembre de 1630 escribe que la condesa experimentaba una mejoría. Sin
embargo, ese mismo día, por la mañana, la ciudad de Lima sufre un terremoto y
las anotaciones en el Diario se desplazan a tratar sobre el grave sismo.
-2-
Suardo
da cuenta continua en su Diario de las enfermedades que aquejaban al virrey,
desde un resfriado común a las tercianas o malaria. El caso más grave de
malaria lo sufrió el 07 de mayo de 1631 y duró hasta el mes de junio. El
Virrey, aquejado de tercianas malignas se preparó a morir en su palacio de
Lima. A diferencia de lo ocurrido con la virreina, en el caso del virrey Suardo
hace una prolija descripción de lo ocurrido. A las cinco de la mañana se
confesó y comulgó con el padre Diego de Torres Vásquez, provincial de los
jesuitas. El virrey encomendó a la condesa, su esposa, el cuidado de su
hijo Francisco Fausto que para entonces tenía dos años de edad.
Al
conde lo acompañaban en su habitación el médico de la corte Juan de la Vega,
otros facultativos, así como varios otros servidores. A fines del mes de
abril el conde había tenido que excusarse de asistir a las reuniones
oficiales. A principios del mes de mayo no podía siquiera firmar el
despacho. Los médicos, constituidos en junta que sesionaba dos veces
al día, lo habían estado tratando con sangrías como lo aconsejaba la medicina
de la época. No obstante estos cuidados, el cinco de mayo la condición del
paciente se agravó y las calenturas fueron en crecimiento.
En
este trance, la condesa recurrió a la ayuda Divina. Mandó repartir cincuenta
monedas de plata de veintisiete gramos cada una a cada convento y hospital de
la ciudad, así como dos candelabros de plata de mucho valor a la iglesia de
Nuestra Señora del Prado para que los religiosos pidiesen a Dios por la salud
de su esposo.
El
nueve de mayo de 1631 la fiebre cesó de momento y el virrey algo recuperado
pudo seguir atendiendo uno de los asuntos más importante que tenía a su cargo. Debía
apurar la llegada a Lima de los cientos de mulas cargadas de oro y plata que
todos los años venían por estos meses de abril y mayo de Carabaya, Oruro y
Potosí para embarcar el llamado Tesoro del Perú en la Armada Real por el puerto
del Callao rumbo a España.
El
veinticinco de mayo, el conde volvió a recaer con accidentes de fríos y
calenturas disponiendo sus médicos que lo volvieran a sangrar. Luego lo
trataron con purgantes, razón por la cual no pudo trasladarse de Lima al puerto
del Callao a presenciar la puesta a bordo de los metales en las naves. Es
posible que los jesuitas no se animasen abiertamente a ofrecer la cura que
conocían y que tan buen efecto había hecho a la condesa. El plan debió
consistir en hacer llegar la cura primero al hospital del Espíritu Santo en
Roma y no a Madrid. Quizás temieran también enfrentar a los médicos formados
bajo la escuela de Galeno que se resistieran a experimentar en el Virrey,
personificación del rey de España en el Reino del Perú, la cura con una pócima
de plantas.
-3-
A últimas horas de la tarde del treinta y uno de mayo de 1631 se hizo a la vela la Armada Real con dirección a Panamá llevando el precioso cargamento de oro y plata.
En una de las naves viajaban los procuradores jesuitas padres Alonso Messia y Hernando León Garavito custodiando los fardos con la corteza de quina en polvo preparados por Agustín Salumbrino en la Botica de la Compañía de Jesús. Después de casi veinte días de navegación el inapreciable medicamento llegó a la ciudad de Panamá, donde fue descargado para cruzar en mulas el agreste camino del istmo palúdico hasta Portobelo para seguir a Cartagena, a la Habana, cruzar el Atlántico y llegar a Sanlúcar de Barrameda en Sevilla. En este puerto deslumbró la descarga del oro y la plata, así como de las esmeralda y perlas.
La
llegada del polvo de quina pasó
desapercibida. Finalmente siguió su camino a Roma y a su
destino final el Hospital del Espíritu Santo. Partiendo del Callao,
un viaje de seis meses de muchas peripecias y riesgos por las tormentas y
demás inclemencias naturales, así como por el temor a los ataques de los
piratas y enemigos de España.
El
virrey salvó la vida. Para el mes de junio ya se encontraba recuperándose de
las fiebres. En el Diario de Suardo se menciona la junta de cuatro médicos bajo
supervisión del protomédico, así como al tratamiento médico de sangrado y
purgas de la época al que se sometió. Sin embargo, Suardo no atribuye a ninguno
de los médicos el mérito de la curación. Entonces, cabe preguntarse si pudo
haberse curado con la cascarilla del árbol de la quina al igual que la condesa.
Remedio que le fuera administrado de manera discreta por Agustín Salumbrino.
Hugo
A. Dejo, médico peruano, catedrático e investigador, autor de Rescatando
la historia clínica del Conde de Chinchón analiza el desarrollo de la
enfermedad del Virrey a la luz de los conocimientos médicos actuales, pero
en base a la narración de Suardo a la que califica de pieza semiológica
excepcional de historia clínica, redactada en plena época virreinal.
Considerando la manera cómo evolucionaron los síntomas de la malaria del
Virrey hasta que sanó, el doctor Dejo deduce que ocurrió gracias a la
quina, un tratamiento naturista que sus médicos desconocían o en el que no
confiaban. Asimismo, infiere que quien habría proporcionado el remedio al Conde
fue su confesor el sacerdote jesuita Diego Torres que era de su círculo
más íntimo, esfera de la vida privada al que Suardo no tenía acceso; razón
por la que no podría haber sabido que fue la quina el remedio que libró de la
muerte al Virrey. Por nuestra parte agregaríamos que la cascarilla no pudo
haber provenido de otro lugar más que de la Botica de Salumbrino y que
probablemente él mismo fue quien se la dio a tomar al enfermo en
secreto.
Luego
de la cura de la condesa la noticia no se propagó como fuego por el virreinato
ni por el reino de España, como se podría pensar. Este descubrimiento médico no
obstante su enorme trascendencia no era un acontecimiento militar, que atrae
más la atención de las personas. Los acontecimientos violentos tienen más
atractivo que los numerosos sucesos de bondad y amor que ocurren
diariamente. En el caso específico, en adición, la pócima hecha de la
corteza del árbol de la quina debía mantener un bajo perfil para llegar primero
a Roma al hospital del Espíritu Santo bajo control de los jesuitas. Entregar el
secreto al rey de España y a los médicos de su corte hubiese convertido la cura
en un instrumento político. La Compañía de Jesús siempre trabajó con cautela y
diplomacia para mantener cierta distancia o independencia del imperio
español. Como se sabe, un siglo después esta posición acarreó dramáticas
consecuencias para los jesuitas.
-4-
El médico
genovés Sebastián Bado, en su obra Anastasis corticis peruviae, seu
chinae chinae defensio (Resurrección de la Corteza del Perú o defensa
de la Quina Quina) publicada en 1663 sostiene que la Condesa contrajo la
malaria y se curó con la corteza de la quina. Basa su afirmación en la versión
que escuchó a Antonio Bolli un comerciante de su ciudad que vivió en Lima en la
época de los Condes de Chinchón.
El autor manifiesta también que en agradecimiento del beneficio que había
recibido de la cascarilla o quina la Condesa empezó a distribuirla
gratuitamente (Ruiz). Lo que no sería de extrañar pues la Condesa se
caracterizó por su generosidad y carisma en la ciudad. La relación de la
Condesa de Chinchón con Agustín Salumbrino debió ser estrecha siendo la Botica
de la Compañía de Jesús en Lima el único lugar de donde se proveía el remedio
para esta obra de caridad y Salumbrino uno de los pocos que sabía administrar
la cura.
El
libro con la vida de Salumbrino se difundido dos décadas después de su muerte.
Esto ocurrió apenas tres años después de que se diera a conocer la obra del
médico genovés Sebastián Bado Anastasis corticis peruviae, seu chinae
chinae defensio (Resurrección de la Corteza del Perú o defensa de la
Quina Quina) que narra la historia de la Condesa de Chinchón, la malaria que
sufrió y de su curación con los polvos de la corteza del árbol de la
quina.
La
historia de los condes gustó y se expandió tanto que el científico y
naturalista sueco Carlos Linneo en el siglo XVIII denominó Cinchona al género
de plantas al que pertenece la quina en honor a la Condesa.
La
literatura recogió la historia de la curación de la Condesa de Chinchón y la
contó de distintas maneras, en género de novela, tradición, teatro y poesía. En
gran medida esto se debe al carisma y apreció del que gozó la Virreina en la
ciudad de Lima.
La
primera novela fue Zuma o el Descubrimiento de la Quina, escrita en
francés por la condesa de Genlis publicada en 1827. En este mismo género
está Hualma el peruano de un autor alemán identificado con el
seudónimo de W.O. von Horn. El tradicionalista peruano Ricardo Palma
escribió Los Polvos de la Condesa. José María Pemán,
español, fue autor de la obra teatral La Santa Virreina, poema
dramático muy popular en la España franquista.
En
el Romancero de las Calles de Lima de Arturo Montoya se recoge
en verso la historia de la condesa al tratar sobre la calle de la Cascarilla,
que es como se denominaba a la quina. La calle, hoy en día una de las cuadras
de la Avenida Abancay, era uno de los lados del perímetro que ocupaba el
Colegio de San Pablo y la Botica de la Compañía de Jesús. Las otras calles que
cerraban el terreno eran las calles de los Estudios, del Gato y de la Botica.
En
las artes plásticas el busto de la condesa y virreina del Perú, Francisca
Enríquez de Rivera, obra del escultor Antonio Ballester, se luce en la
explanada de una de las colinas del pueblo de Chinchón, cercano a Madrid. El
monumento se encuentra al lado de lo que fue el palacio de los condes, hoy
Teatro Lope de Vega, y de la Torre del Reloj, única edificación que queda de la
antigua iglesia de Nuestra Señora de la Gracia. Es un bello paraje de álamos y
flores. La placa conmemorativa está dedicada por el pueblo de Chinchón a la
Condesa como descubridora de la quina.
La
leyenda eligió a la Condesa y no a su esposo para rendir homenaje a todas
las víctimas del Plasmodium y al descubrimiento de la quina. Desde los tiempos
remotos los pueblos prefieren identificar las sanaciones con el arquetipo
femenino de la Divinidad, con el símbolo de la madre y en la tradición
cristiana con la Virgen María.
-5-
A partir de los acontecimientos que narramos y durante los siguientes diez años
Agustín Salumbrino vio crecer la Botica, ahora potenciada con el comercio y la
exportación de la corteza de quina.
Fue
testigo de la llamada Prisión Grande de los años 1634 y 1635 en la cual fueron
capturados y llevados a las cárceles secretas de la Santa Inquisición decenas
de acusados de ser judíos. La cacería empezó con la captura de un trabajador de
un almacén de telas al frente de la botica del Colegio de la Compañía de Jesús
(Monstesinos). La mayor parte de los torturados y procesados eran vecinos de la
botica. El principal acusado el mercader de esclavos Manuel Bautista Pérez y
sus familiares fueron presos en la llamada Casa de Pilatos, que hoy ocupa el
Tribunal Constitucional a pocas cuadras de la botica. El tema fue materia de la
tradición de Ricardo Palma La Casa de Pilatos. Según el
tradicionalista la casa fue de uno de los conquistadores, compañero de Pizarro
y en el siglo XVI se dice estaba comunicada por una galería subterránea con el convento
de los jesuitas donde al siglo siguiente se fundó la Botica. En su tradición Los Buscadores de Entierros Palma cuenta que una de las historietas del siglo XIX era que en las bóvedas y subterráneos de los jesuitas estos escondían el oro y el moro y que una vez expulsada la orden por la búsqueda del supuesto tesoro de los jesuitas casi derrumban la iglesia de San Pedro.
Salumbrino
vivió para asistir a la inauguración de la imponente hoy iglesia de San Pedro de la Compañía de
Jesús en el Colegio de Lima de los jesuitas, al lado de la Botica, siendo
provincial el padre Antonio Vázquez.
Con
motivo de la dedicación de la Iglesia asistió a las fiestas que se hicieron a
fines del mes de julio de 1638. El día 30 de ese mes hubo una gran procesión
que empezó en la iglesia vieja de la Compañía de Jesús siguió a la Catedral, al
convento de San Agustín y de allí a la Iglesia nueva. Suardo narra en el Diario
de Lima que en la noche hubo muchos y muy grandes fuegos y luminarias
por toda la ciudad y para verlos y pasar la dicha procesión fue la señora
Virreina y marqués, su hijo, a casa del oidor Merlo de la Fuente, desde donde
la vio pasar y los fuegos, a la noche, hasta que se fue su Excelencia a
Palacio.
En
1639 los condes de Chinchón dejaron la ciudad de Lima. No fue un año feliz, el
23 de enero de 1639 tuvieron que atender al Auto de Fe de la Santa Inquisición
en la Plaza Mayor. Tuvieron que presenciar la ejecución de once personas a
quienes se les imputaba ser judíos, diez al garrote y uno quemado vivo. Según
Montesinos, presente en la ocasión y autor de una relación detallada del Auto
de Fe, la población de Lima asistió regocijada al evento. Sin embargo, Suardo
anota que la quema vivo de uno de los sentenciados causó mucha lástima a todos;
siendo el comentario el de una persona cercana a los condes, es evidente que el
evento no fue del agrado de ellos. Al día siguiente fueron sacadas a azotar
varias brujas hechiceras y otros penitenciados.
Montesinos
da cuenta de la presencia de la virreina acompañada de su hijo de diez años
Francisco Fausto en el auto de fe, espectáculo público en la plaza mayor,
frente al palacio del virrey, en el que se leyeron las sentencias:
"El
balcón de la Excelentísima señora Virreyna, estuvo muy bien adornado. Estava
sentada con grande magestad su Excelencia debaxo de dosel de tela amarilla, en
silla y almohadas de lo mismo, y el Marqués hijo de sus Excelencias, estuvo a
un lado de la señora Vireyna, en silla de tela sin almohada, por el
respeto".
El
principal reo ejecutado en la plaza mayor fue Manuel Bautista Pérez, portugués,
quien fuera uno de los más acaudalados comerciantes de Lima según J.T Toribio y
principal tratante de esclavos de la época según Newson y Minchi. En sus Anales
de la Inquisición de Lima Ricardo Palma informa que Manuel Bautista
Pérez era comerciante de mucho crédito, y que habitaba en la casa conocida
desde entonces por Casa de Pilatos, dueño de riquísimas minas de plata en
Huarochirí y de dos valiosas haciendas en el camino de la Oroya. Según
Palma en su tradición Los Malditos, una de las haciendas quedaba
debajo del pueblo de Sisicaya, que en efecto queda camino a La Oroya. Newson
y Minchi dan cuenta en su obra de la gravedad de la malaria que afectaba a la
población de las costas del África donde Manuel Bautista Pérez se aprovisionaba
de esclavos. Para esta y otras enfermedades de los esclavos Pérez contaba con
la asistencia de su médico de confianza Tomé Cuaresma, que también fue
ajusticiado y quemado en esa oportunidad. La Santa Inquisición días antes de la
ejecución tuvo que encerrar a los negros que servían en las cárceles para que
no comunicaran las sentencias a los prisioneros. Curiosa alianza entre los
comerciantes de esclavos y los negros que según Montesinos se explica porque
los principales reos conocían el idioma de Guinea por haber sido comerciantes
de esclavos.
El
nuevo virrey fue el marqués de Mancera. Un año antes de su deceso
Salumbrino supo el de la condesa de Chinchón. Los Condes y su hijo Francisco
Fausto regresaban a España. Llegando a Cartagena de Indias la Condesa murió el
14 de enero de 1641, trece años después de haber entrado al virreinato del Perú
por ese puerto. No sabemos si sus restos quedaron en Cartagena o si en el viaje
fueron llevados a enterrar a España. Cabe también la posibilidad de que su
cadáver haya quedado transitoriamente encargado a una orden religiosa en
Cartagena el tiempo suficiente para después discretamente trasladar solo sus
huesos.
-6-
A
fines del mes de abril de 1642 la ciudad de Lima celebraba con grandes fiestas,
candeladas, luminarias y carrera de todos los caballeros con vestidos de color
y plumas blancas el descubrimiento de un buen socavón de mercurio en
Huancavelica (Mugaburo). Fue recién entonces que Agustín Salumbrino dejó
sus ocupaciones. Luego de sobrevivir a una sentencia de muerte en Roma, al
riesgo de los viajes por mar y a los contagios al que lo exponía su ocupación
llegó al final de su camino. Le dio gran inapetencia y no podía probar
alimento, con lo que sus fuerzas se fueron consumiendo. Quedó postrado en cama.
Dios lo llamó a su presencia y a la vida eterna el domingo tres de agosto de
1642 a los setenta y ocho años de edad.
El
funeral del fundador de la Botica en la capilla del Colegio de San Pablo los
días tres y cuatro de agosto de 1642 tuvo una concurrencia inusual,
considerando que el finado era solo un hermano jesuita dedicado en vida a los
humildes oficios de enfermero, cocinero y boticario.
Sabemos
que estuvieron presentes en las exequias, además de los religiosos, un innumerable
número de personas de distintos estados, vale decir
españoles, mestizos, negros e indios. Hubo una gran presencia de mujeres. Para
ellos era como la muerte de un familiar cercano.
No
se registra que haya asistido el entonces virrey Marqués de Mancera, tampoco se
menciona la asistencia oficial de la Audiencia o del Cabildo o del arzobispo de
Lima. No se siguió un protocolo oficial ni civil ni religioso, salvo el
de las sencillas reglas que prescriben las Constituciones de la Compañía
de Jesús para el entierro de cualquier miembro de la orden.
El
pueblo de Lima se hizo presente de manera masiva; incluidos todos los gremios
de artesanos y comerciantes de la ciudad. Desfilaron los carniceros, menuderos,
pasteleros, cereros, confiteros, molineros, mesoneros, pasamaneros, espaderos.
El pueblo no se identificaba tanto con el rey, el virrey, su corte y
autoridades eclesiásticas como con el fundador de la Botica.
Su
cuerpo fue exhibido en un féretro abierto. Refiere su hagiógrafo que después de
divulgarse su deceso vinieron desalados de todos gremios y estados
innumerables personas a venerar su bendito cuerpo como de santo, besándole los
pies y las manos, tocando con sus rosarios su cuerpo y tomando lo que podían
por reliquias.
A
no defenderle los religiosos de casa, le hubieran hecho pedazos según el gentío
que cargó sobre él y el ansia con que pedían alguna cosa que hubiese traído o
tocado como reliquia de verdadero santo.
En
especial cuando le quisieron levantar para llevarle a la sepultura, fue
tal el alarido de las mujeres y la fuerza con que embistieron a tomar algo de
su mortaja que, a no defenderle la justicia, no pudieran enterrarle.
Al
fin después de mucha violencia, le colocaron en un nicho aparte, con la
veneración que pedía su santidad y la estima que todos tenían de ella,
cuya gloria quiso manifestar nuestro Señor con algunos milagros que sucedieron
luego que pasó de esta vida a la eterna. Sus restos descansan en la cripta bajo
la hermosa Iglesia de San Pedro de Lima.
La Compañía de Jesús, agradecida por la labor de su fiel boticario, inmortalizó su memoria en un lienzo que, en marco dorado, presidió la sala principal de la Botica hasta el aciago día de la expulsión de la orden. Un segundo retrato, de menor tamaño, acompañaba al principal, perpetuando la imagen del hermano Agustín Salumbrino en el corazón de su obra. Así lo atestigua el inventario de 1770, donde se consignó la entrega de los bienes de la Botica a la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri.
El relato de su vida nos habla de
cómo las reliquias de Agustín Salumbrino obraron curaciones milagrosas en
diversos fieles. Pero su mayor legado fue quizás aquel que no pudo preverse:
haber sido el instrumento, la semilla primigenia, de un milagro aún mayor. Como
un árbol que nace de una humilde semilla, el hermano Salumbrino fue el origen
de una transformación largamente esperada. Tras milenios de aflicción, el mundo
despertó, por fin, del sueño sombrío que lo oprimía.
EPÍLOGO
Algunas notas a modo de epílogo:
-1-
Por órdenes de Carlos III, Rey de España, el Virrey del Perú Manuel Amat y Junyent expulsó a los
jesuitas en 1767. Se les confiscaron los bienes que
les servían para cumplir su misión con cierta independencia económica de las
autoridades españolas.
|
-2-
Como
se sabe, el mundo invisible del Plasmodium permaneció oculto hasta finales del
siglo XIX en que el médico francés Charles Louis Alphonse Laverán logró
observar con un microscopio en muestras de sangre fresca algunas de sus formas;
primero una media luna que se volvía esfera y de la que surgían filamentos que
se desprendían y cobraban vida propia. Al principio casi nadie tomó en serio su
descubrimiento. Las mejores mentes científicas no podían imaginar que algo tan
fantástico fuera real. Poco tiempo después Ronald Ross, médico inglés,
sorprendió a la comunidad científica internacional mostrando como ese extraño
ser descubierto por Laverán se valía del mosquito para procrear en su interior
y transmitir la enfermedad a otro ser vivo.
Resultó
como si existieran mundos paralelos y múltiples Génesis. En uno el ser humano
era el centro, criatura concebida para sojuzgar la tierra, o al menos es los
que creemos. En el del Plasmodium la creación giraba en torno a él, nosotros
éramos su alimento. Los mosquitos se encargaban de facilitar su entrada a
nuestro escenario. Al germen le interesaban tan poco nuestros afectos como a
nosotros los de las vacas o pollos. Hasta aquí una confirmación elemental en el
sentido de que todos los seres vivos luchamos por sobrevivir sin importar si es
a expensas de otro. Desde esta perspectiva seres humanos, mosquitos y
Plasmodium somos iguales, sin embargo, los seres humanos tenemos la
inteligencia y el poder de discernir.
-3-
En
1860 el explorador y botánico inglés Clements R. Markham explora las selvas de
Carabaya, Sandia y Tambopata en las Regiones de Puno y Madre de Dios al sur
este del Perú y recolecta especies de árboles de quina calisaya para llevarlos
a la India. La malaria afectaba gravemente a los pobladores de este antiguo
país y al ejército colonial inglés que lo había conquistado. El lugar más
favorable que encontró Markham en la India por su parecido con el medio
ambiente de los lugares donde había encontrado la quina calisaya en el Perú fue
Coorg donde se estableció una primera plantación, según señala George King en
su Manual of Cinchona Cultivation in India.
Los
cultivos del gobierno británico en sus colonias del Asia se extendieron a
Sikkim, en la cordillera del Himalaya, a Bengala Occidental y a la isla de la
actual Sri Lanka.
En los años siguientes se hicieron siembras masivas del árbol de quina en la
India y otros lugares del Asia. El árbol se convirtió en un aliado del hombre y
a cambio este lo ayudó a propagarse en el Oriente. En su territorio de origen,
el Perú, el árbol no recibió el agradecimiento debido y casi se extingue por la
sobreexplotación y falta de cultivo. Nadie es profeta en su tierra, ni siquiera
los árboles.
Luego en el XX se mejoró sustancialmente el diagnóstico de la enfermedad con
las pruebas de sangre. A mediados de ese siglo el laboratorio Bayer en Alemania
logra sintetizar la sustancia natural de la quinina, como cloroquina,
lográndose una amplia disponibilidad de medicamentos y derivados. Igualmente,
al haberse identificado al mosquito como agente transmisor del Plasmodium se le
combate con medios preventivos.
-4-
Sin
embargo, la erradicación del Plasmodium no logró el éxito esperado. La malaria
de ser una enfermedad a la que todo ser humano estaba expuesto sin importar su
condición social, pasó a ser una de las principales causas de muerte de los
pobres al lado de la tuberculosis y el VIH/SIDA. En el siglo XXI entre medio
millón y un millón de personas muere al año por la malaria y es posible causa
concomitante de dos millones más de muertes, según informes de la Organización
Mundial de la Salud. Aproximadamente el ochenta por ciento, son niños de entre
cero a cuatro años en el África subsahariana. Los infectados, casos agudos, se
estiman en casi quinientos millones de personas, que al padecer los síntomas y
la debilidad no pueden vivir bien, ni trabajar o ayudar a mantener a su
familia. En el Subcontinente americano los pobladores de la Amazonía son las
principales víctimas. En un futuro cercano, debido al calentamiento global del
planeta la malaria podría volver a ser el reto que por siglos enfrentó la
humanidad.
La
perversidad del sistema, como lo ha hecho notar Bill Gates, es que se gasta más
dinero hoy en día en estudiar cómo cuidar el cabello y evitar la calvicie que
en investigar la malaria para contar con una vacuna que proteja a todos no solo
a los que tengan acceso a los sistemas de salud.
-5-
Las
plantas han tenido un rol preponderante para los seres humanos. Tenemos tanto
que aprender de su uso, como lo muestra la Botica de la Compañía de Jesús. El
caso de la quina es un notable ejemplo como lo destaca Varro E. Tyler en su
ponencia Natural Products and Medicine: An Overwiew.
Tyler
destaca que hoy en día no obstante el desarrollo de las drogas sintéticas, las
provenientes de las sustancias vegetales siguen manteniendo un sitial
importante en la medicina, incluso en los Estados Unidos de América. Concluye
que necesitamos hacer todo lo posible para que se desarrollen las
investigaciones científicas y que existe un gran potencial que podría
hacer aún más significativas las medicinas de fuentes naturales.
El poco interés en el mundo del siglo XXI por el estudio de sustancias
orgánicas medicinales tiene algunas explicaciones. Varro E.Tyler menciona
las que conciernen sobre todo a Estados Unidos. Una investigación sobre
sustancias naturales curativas no resulta atractiva pues el costo de lograr que
la United States Food and Drug Administration (FDA) la apruebe es de US$ 231
millones dólares, en promedio. En el caso de plantas hay un riesgo de que no se
pueda lograr una patente; en consecuencia, el laboratorio que hizo la
investigación no podría recuperar el capital invertido.
-HIPOLITO RUIZ, Quinología, o Tratado del Árbol de la Quina o Cascarilla, Madrid, 1792
-RUBEN VARGAS UGARTE S.J, Historia de la Compañía de Jesús en el Perú, tomo II, 1963
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-ALBERTO TAURO DEL PINO, Enciclopedia Ilustrada del Perú, Lima, 2001
-F.RUBIO SOTÉS (EDITORA), J.ALMARAZ PESTANA, CE.HERNANDEZ SANCHEZ, C.ROMERO ROMERO Y E.TABAR ANITUA, Chinchón Sociedad y Territorio, un proyecto didáctico integrado de ciencias sociales, Madrid 2002
-ESPERANZA GONZÁLES REDONDO, MANUEL CARRASCO MORENO, FRANCISCO PONS FUSTER y JOAQUÍN PARELLADA CASAS, IV Concurso de Investigación sobre Chinchón y su entorno 2008, Madrid 2009
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