Capítulo 5: EL HOSPITAL DEL ESPÍRITU SANTO


                                                          -1-

Durante quince años, de 1588 hasta 1603, Agustín Salumbrino ofició de enfermero y farmaceútico en la Compañía de Jesús en Roma procurando alivio y cura a los enfermos. Atendía a los religiosos en los dispensarios, los aprovisionaba de medicinas, surtía las huertas con plantas medicinales, trabajaba con la botica de la Compañía de Jesús, acompañaba y cuidada en los viajes a los religiosos cuando así se le ordenaba y participaba en las obras de caridad de los  jesuitas en los hospitales de Roma. Ya había perdido el sentido del peligro, no solo de los jueces, policías y verdugos sino también de las fiebres, del contagio y de la muerte. 

                              Patio interior del Hospital del Espíritu Santo en Roma


El principal centro asistencial de Roma era el Hospital del Espíritu Santo, Ospedale Santo Spirito, lugar al que Salumbrino enviaría los cargamentos de quina desde Lima a partir de la tercera década del siglo XVII. El Ospedale era visible y muy cercano a la torre en que estuvo encarcelado de joven.

En aquel tiempo la salud, como cualquier otro aspecto de la vida de las personas, se encontraba  estrechamente vinculada a la religión. Para ser admitido como paciente a este Hospital era prerrequisito el haberse confesado y comulgado.

                    Puerta en el Hospital con el emblema del Espíritu Santo
                                 

Existía una aproximación holística hacia el paciente conforme a la cual cuerpo y alma no estaban separados. La cura del alma llevaba a la cura del cuerpo y viceversa. Por tanto la medicina que se aplicaba no solo era la de los simples y compuestos sino también la espiritual. Hasta la propia arquitectura y disposición de las salas para los enfermos se guiaba por la tradición religiosa.

Los hospitales eran aun concebidos como centros de caridad para las personas necesitadas más que para el tratamiento de los enfermos en general, tal como los vemos hoy en día. Atender a un enfermo pobre era como cuidar del mismo Jesucristo, uno buscaba su rostro en el doliente. Las personas adineradas en Roma no se internaban en el hospital sino que se hacían atender en sus casas.

La Iglesia tenía bajo su protección y control a los hospitales. Sin embargo, eran las confraternidades de laicos vinculadas a la Iglesia las que tenían un rol preponderante en la administración y/o en el  financiamiento de los hospitales.

                                                                           -2-
Durante los meses cálidos de julio, agosto y setiembre los campesinos llegaban al Hospital del Espíritu Santo a buscar alivio a las fiebres. Normalmente acomodaba a 150 pacientes, pero en función de los enfermos podía hospedar hasta a 400, compartiéndose las camas. Este incremento se producía en los meses de verano y a principios del otoño.

La malaria era el principal problema de salud pública en Roma. Las purgas, dietas y sangrías antes que curar muchas veces debilitaban y mataban. Hacía miles de años el mal había llegado del Asia y África a Europa y a Roma, ahora se extendía a América. El pueblo buscaba el camino a la cura de este terrible flagelo. Sin saberlo, Salumbrino era quien más cerca estaba.

Los jesuitas de Roma, así como los capuchinos y teatinos, visitaban con frecuencia a los enfermos de los hospitales, entre ellos y principalmente el del Espíritu Santo. Esta era una de obligaciones fundamentales de un jesuita conforme a las Constituciones de la Compañía de Jesús. Estas prescribían ir a los hospitales por cierto tiempo, comiendo y durmiendo en ellos, ayudando y sirviendo a enfermos y sanos, como les fuera ordenado, por más humillante que esto fuera,  dando entera señal de sí que las pompas y vanidades se parten para servir en todo a su Criador y Señor crucificado por ellos.

Las Constituciones de la Compañía disponían que si un jesuita dejaba la orden y quería regresar, sus superiores debían evaluar el enviarlo a un hospital donde sirviendo a los pobres de Cristo por su amor algún tiempo, muestre su estabilidad y firmeza; en parte también para que cumpla una penitencia por su liviandad pasada.

La medicina como misión se encuentra en las raíces de la Compañía de Jesús. Antes de formar la nueva orden San Ignacio de Loyola dio forma a lo que sería el carisma jesuita en Azpeitia, tierra donde gobernaba su familia. Allí, renunciando a cualquier beneficio familiar, se hospedó en el modesto hospital de Magdalena atendiendo a los enfermos y pobres.

Igual interés tenían los jesuitas por la farmacia y la botánica. A través de la Botica del Colegio Romano de la Compañía de Jesús sus farmacias estaban conectadas entre sí con respecto a los nuevas plantas y productos curativos que se encontraban en los distintos continentes. El Colegio contaba con un gran jardín botánico con plantas venidas de fuera de Europa. Era común que los procuradores jesuitas y demás religiosos que venían de las misiones llegaran a Roma con semillas o plantas medicinales para el jardín de la Botica.  


Salumbrino debió cumplir tareas propias de un enfermero en el Ospedale como llevar el registro de recetas, coordinar con la farmacia, ayudar con la dieta de los hospitalizados, controlar el pulso de un paciente con fiebres en subida para tomar las medidas urgentes del caso. Asimismo reportar al médico el estado general del enfermo, dolores, apetito y sobre sus excrecencias heces y orina, lo que con el pulso era particularmente importante para el diagnóstico de las fiebres paludicas y para conjeturar sobre la esperanza de vida del infectado.

                                                      -3-


¿Cómo fue que Salumbrino terminó ejerciendo de enfermero, cocinero y boticario e ingresando como miembro de la Compañía de Jesús después de ser liberado de la prisión romana? Para esto debemos retrotraernos al período de su vida entre 1584 en que regresa a Milán hasta 1588 en que ingresa al noviciado de  Roma. Luego de ser excarcelado los jesuitas acogieron a Agustín Salumbrino en su Casa en Milán. Sabemos de su regreso ese año por el pasaje de la biografía que trata sobre su relación con Carlos Borromeo.

El arzobispo frecuentaba la Casa de la Compañía de Jesús de la que era muy devoto. Es en estas visitas donde conoció la luz que Dios daba a Salumbrino y se aficionó mucho a él. Iba a menudo a conversar con Salumbrino a solas y tratar cosas de Dios, el santo con el santo, uniéndose en un estrecho vínculo de amistad, señala su biografía. Estos encuentros en Milán no pudieron ocurrir después de este año 1584 pues a principios del mes de noviembre del mismo el prelado murió de malaria como hemos anotado en el Capítulo 3.

Las afirmaciones pecan quizás de exageradas, como la mayor parte de las hagiografías de la época. Es más probable que Carlos Borromeo lo encontrara las veces que iba a la Casa Profesa o el Colegio de Brera de la Compañía y a la enfermería con ocasión de visitar a algún enfermo importante y no a Salumbrino. En estas oportunidades habría platicado con Salumbrino a quien ya se le habría asignado el puesto de enfermero. En lo que sí no hay equívoco es que una misteriosa luz se había encendido en el joven, no había en él resentimientos ni odios por todo lo que había sufrido en Roma. Nuestra Señora se le había aparecido en su celda de muerte y le había dado un encargo.

Uno de lo pacientes visitados por Borromeo pudo ser el príncipe italiano Luis Gonzaga, de diecisiete años de edad. En 1584 el joven llegó a estudiar al Colegio de Brera. Era el hijo primogénito del marqués Fernando Gonzaga y heredero de Castellón de Stiviere en la Lombardía. La Casa de los Gonzaga estaba estrechamente relacionada a la de los Borromeo. Ambas gobernaban poderosos estados del norte de Italia, independientes pero sujetos en última instancia al Imperio Español.
muerte de San Luis Gonzaga-San Luis Gonzaga Quito Ecuador

Cuadro: Muerte de San Luis Gonzaga, en Iglesia de la Compañía de
Jesús en Quito, Ecuador


De niño presentó el síntoma de las cuartanas, fiebre cada cuatro días, causado por el Plasmodium malarie. La misma variedad de la enfermedad que contrajo varias veces la condesa Catalina de Forlí. Haciendo la salvedad que el término cuartanas usado antiguamente se refería a cuadros de malaria que bien podrían ser casos de infecciones mixtas de varias especies de Plasmodium que atacan al ser humano (P.falciparum, P.vivax, P.malarie y P.ovale).

El noble, a quien luego se conocería como San Luis Gonzaga, vivió en su niñez en zonas pantanosas del norte de Italia, en Castellón, Mantua y Solferino, donde la malaria era endémica. Hecho que no hace sino confirmar que sufría del parásito.

El microbio quedó en el cuerpo del príncipe por el resto de su corta vida y seguramente fue infectado varias veces a través de nuevas picaduras de mosquito. El P. malarie a diferencia del P. falsiparum si bien no mata si suele debilitar progresivamente el aparato inmunológico de su huésped exponiéndolo a otras enfermedades. Esto fue lo que ocurrió con la condesa Catalina Sforza, que finalmente murió de una dolencia pulmonar. Las llamadas cuartanas pueden causar también daños renales y retención de orina, un cuadro de hidropesía característico de la enfermedad. Este fue uno de los padecimientos que sufrió Luis Gonzaga. Su aspecto demacrado bien pudo deberse a la ictericia no solo a los ayunos o penitencias.

El joven príncipe pasaba por entonces por momentos difíciles ante la férrea oposición del marqués, su padre, a que siguiera su vocación religiosa; lo que importaba renunciar a sucederlo en el gobierno de Castellón de la Stiviere.

Gonzaga permaneció estudiando en el Colegio de Milán por espacio de casi nueve meses hasta el mes de julio de 1585 en que regresó a Castellón para continuar a Roma, ya con la venia de su padre para ingresar al noviciado de la Compañía de Jesús.

En esta ocasión lo acompañó Salumbrino, así se desprende de su biografía. El viaje de Milán a Roma fue anterior al que los dos realizaron años después en 1589. En la biografía de Salumbrino se consigna que llegados a Roma, Gonzaga y Salumbrino se entrevistaron con San Felipe Neri y con San Félix de Cantalicio o Capuchino. San Felix murió en mayo de 1587, por tanto tiene que tratarse de un viaje anterior a 1589. De ser así la amistad entre el príncipe y Salumbrino data de tiempos en que ninguno de los dos era siquiera novicio.

Luego de cumplir una serie de visitas protocolares a los personajes más importantes de Roma, entre ellos al propio papa Sixto V, Luis Gonzaga ingresa al noviciado de San Andrés en Roma el 25 de noviembre de 1585, Día de Santa Catalina de Alejandría. En tanto que Salumbrino regresa al Colegio de Brera en Milán.
Fresco de Dioscórides en la pared de la Botica de los jesuitas
en el Colegio de Roma

La biografía de Salumbrino da cuenta que ejerció el oficio de enfermero y aprendió farmacia en Milán, para tener a la mano las medicinas y estar satisfecho de que eran buenas que no pocas veces por no ser tales en lugar de sanar dañan.

El Colegio de Brera era inmejorable para aprender y practicar los oficios de la salud. Tenía un importante número de alumnos, quinientos en ese tiempo, más sacerdotes, hermanos coadjutores y criados, sin contar a los demás religiosos de la Casa Profesa y a los pobres en los hospitales a quienes los religiosos jesuitas asistían. Una población que justificaba el tener una enfermería, una huerta de plantas medicinales y una pequeña botica. Contaba también con una biblioteca bien surtida con libros de medicina y farmacia.

Se encontraba en Milán, una de las principales ciudades de Italia, donde funcionaba el Hospital Mayor llamado la Ca´Grande; uno de los más importantes de Europa. Fue construido en 1546 por iniciativa de Francesco I Sforza, abuelo de Catalina de Forlí, y fundador de la dinastía Sforza en Milán. La farmacia del Hospital Mayor, con huerta de plantas medicinales, aprovisionaba a los demás hospitales, proporcionaba medicinas gratuitas a los pobres y era un centro donde se formaban en la práctica los farmacéuticos.

Asimismo, el Colegio de Brera integraba la red de los Colegios de la Compañía de Jesús en Europa, Asia y América. Esto le permitía recibir información sobre nuevos productos medicinales así como la posibilidad de adquirirlos. Una de las novedades de la época fue la llamada piedra bezoar proveniente del Virreinato del Perú que crece en el aparato digestivo de los auquénidos andinos y a la que se le atribuía propiedades contra venenos.

El jesuita José de Acosta, quien residió muchos años en el Colegio de San Pablo de Lima, escribió en su obra Historia Natural y Moral de las Indias publicada en Sevilla en 1590 sobre el bezoar así como sobre las medicinas naturales de México y Perú; elogiando el conocimiento que de las plantas se tenía en la época de los imperios prehispánicos del Nuevo Mundo. Quizás Salumbrino haya escuchado esto del propio padre Acosta, cuando se encontraba en el noviciado, y este visitó Roma en los meses de setiembre y octubre de 1588. Siendo la malaria el principal tema de salud pública en Italia, es posible que Salumbrino le preguntara si había encontrado en América alguna medicina contra las fiebres intermitentes, tercianas y cuartanas.

En adición, el Colegio de Brera mantenía estrechos vínculos con los médicos de la ciudad Milán. Por decreto de 1584 El Colegio Médico de Milán reconoció hasta tres años de estudio en el Colegio de Brera a cuenta de los siete años que se exigían para otorgar el grado profesional para ejercer la medicina.

Salumbrino también se especializó en cocina en el Colegio de Brera, pues a falta de medicamentos para curar enfermedades, como la malaria, la dieta para robustecer al paciente resultaba en ocasiones lo apropiado. Muchas veces una buena alimentación curaba más que la medicina de ese tiempo.
                                                      -4-

Después de haber permanecido cuatro años en Milán, fue a Roma y dudó entre ingresar a los Hermanos Capuchinos de la Orden de San Francisco o a la Compañía de Jesús. Finalmente decide por la última, quizás guiado por el padre Próspero Malavolta, rector del Colegio de la Compañía de Jesús en Mantua. Su biografía sin embargo atribuye esta decisión a una nueva aparición de María quien le dijo que aquella era la voluntad de su hijo y suya.

Ingresó al noviciado de San Andrés en Roma en 1588, encontrándose con San Luis Gonzaga que cursaba su tercer año. Salumbrino tenía 24 años de edad y ya era un viejo conocido de la Compañía de Jesús por su época de estudiante y por su trabajo como enfermero y boticario.

En esta época ocurre un grave enfrentamiento entre Rodolfo Gonzaga, príncipe reinante de Castillón, hermano de Luis, con su primo Vicente I Gonzaga, duque de Mantua, sobre a quién le correspondía heredar el estado independiente de Solferino. Por mediación de las madres de ambos, con deseos de preservar la paz, acuerdan acudir al novicio Luis Gonzaga a quien el duque apreciaba y a quien Rodolfo le debía todos sus bienes, al haberlos heredado en razón de su renuncia para hacerse jesuita.

Por orden del padre general de la Compañía de Jesús, el padre Claudio Acquaviva, Luis Gonzaga se aprestó a viajar a Mantua y a Castellón. Aquí es donde este último solicita lo acompañe Agustín Salumbrino, como enfermero, conforme a la biografía de Salumbrino de 1666. La de San Luis, que data de antes de 1603, da cuenta de esta designación indicando que le dieron por compañero un hermano coadjutor muy cuerdo, a quién los superiores encargaron que cuidase de la salud de San Luis y a este le ordenaron que obedezca a su compañero en todo lo que tocase a la salud.

Estos hechos muestran que para entonces San Luis estaba delicado de salud y cada vez con menos fuerzas. Asimismo que Salumbrino era ya un enfermero estimado. La biografía de Salumbrino lo describe como una persona llena de virtudes, lo que es propio de toda hagiografía basada en un cierto maniqueismo de cuerpo/mal y espíritu/bien así como en un criterio arbitrario para establecer la diferencia. Sin embargo de esa información podemos rescatar que él se encontraba entonces en el mismo camino que Luis Gonzaga, practicando la humildad y la obediencia como el mejor antídoto contra la natural y perniciosa tendencia a dominar al prójimo antes que a servirlo. Iban por la ruta de acrecentar su caridad, diluyéndose en el misterioso accionar del Demiurgo. Tenían clara su misión en el corazón aunque no supieran adonde los llevaría en esta vida y después de muertos.

¿Qué hace que una persona que tiene el poder de dominar a los demás, como es el caso de un príncipe heredero, renuncie para dedicarse íntegramente a la caridad? ¿Es posible de manera simultánea servir al poder y a la vez al prójimo sin interés? Me refiero al poder como el arte de someter, imponer o manipular no al ejercicio de una autoridad legítima. ¿Es admisible el procurar dominar a otro o dejarse dominar con el verdadero amor y la amistad? Por ejemplo, en la relación entre San Luis y Salumbrino uno era un noble y el otro un enfermero plebeyo. Sin embargo ni uno ni otro pretendió dominar o mostrarse dominado por el otro. En materia de salud, la autoridad la tenía Salumbrino y San Luis debía prestarle obediencia como enfatiza la biografía cuando trata este episodio.
La comitiva partió de Roma el 12 de setiembre de 1589. San Luis y Salumbrino se hospedaron en el castillo de Castellón, bajo gobierno de su hermano Rodolfo. Desde allí hicieron viajes frecuentes a Mantua, a tratar con el duque procurando conciliar ánimos y llevar a un feliz término la controversia sobre Solferino.

Mantua estaba situada en medio de un gran pantano, como una isla, lo cual le daba una gran ventaja militar. Desde tiempos muy antiguos las tercianas y cuartanas eran tema importante en el arte de la guerra. Se sabía que la proximidad de aguas estancadas de poca profundidad era fuente del mal, aunque no se conocía cual era la asociación con el mosquito y el Plasmodium. De aquí que cuando el enemigo sitiaba una ciudad rodeada de pantanos, como Mantua, lo mejor era esperar con paciencia a que el Plasmodium hiciera su trabajo y destruyera al atacante.

Finalmente el conflicto no llegó a mayores y se llegó a un acuerdo dándose por zanjado el tema.

A continuación San Luis y Salumbrino fueron a Milán donde llegaron el 25 de noviembre de 1589. En esta ciudad permanecieron hasta principios del mes de mayo de 1590 en que regresaron a Roma.

Agustín Salumbrino hizo sus primeros votos simples de obediencia, pobreza y castidad en 1590. Tenía entonces 26 años de edad.

Fue a principios del otoño de 1590, año en que regresó a Roma con San Luis Gonzaga, que el papa Sixto V sucumbió a la malaria. Se realizó de inmediato el cónclave para designar a un nuevo Pontífice, resultando electo Urbano VII quien murió apenas a los trece días infectado también por el Plasmodium.

Al año siguiente San Luis cae enfermo de fiebre, parece haber sido una combinación de malaria y tifoidea. Lo llevaron a la enfermería de la Compañía dónde muere la noche entre el 20 y 21 de junio de 1591 a la edad de veintitrés años. Es posible que Salumbrino lo haya atendido en punto de muerte así como lavado y compuesto su cadáver, oficio que también cumplían los enfermeros.








Bibliografía del Capítulo 5
-COMPAÑÍA DE JESÚS, Constituciones
-CAMILLO FANUCCI, Tratado di tutte le´Opere pie del alma citta di Roma, Roma 1601
-JOSÉ DE ACOSTA, Historia Natural y Moral de las Indias, Madrid 1954
-VIRGILIO CEPARI, Vida del Bienaventurado San Luis Gonzaga, 1602 (traducción del italiano al español por Juan de Acosta, Barcelona 1863)
-ALONSO DE ANDRADE, JUAN EUSEBIO NIEREMBERG, Varones Ilustres en Santidad, Tom.V, Madrid, 1666
-TOMMASI-CRUDELI, CORRADO, The Climate of Rome and the Roman Malaria (traducido por Charles Cramond Dick del italiano al inglés, Londres, 1892)
-PAUL F. GRENDLER, Education Between Religion and Politics, Baltimore, 1989
-VITTORIO A. SIRONI, La Farmacia dell´Ospedale e il suo rapporto con la Cittá
-ROBERT SALLARES, Malaria and Rome, History of Malaria in Ancient Italy, Nueva York, 2002

-CHRISTOPHER F. BLACK, Italian Confraternities in the Sixteenth Century, Cambridge University, 2003

-LANCE GABRIEL LAZAR, Working in the Vineyard of the Lord, Jesuit Confraternities in Early Modern Italy, Toronto 2005

-JOHN HENDERSON, The Renaissance Hospital, Healing the Body and Healing the Soul, Bury St. Edmunds, 2006

-SABINE ANAGNOSTOU, The international transfer of medicinal drugs by the Society of Jesus (sixteenth to eighteenth centuries) and connections with the work of Carolus Clusius


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada