Capítulo 2: LA PRIMERA APARICIÓN





TARROS DE BOTICA DE QUINA CON EMBLEMA IHS DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS 

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 El Capítulo I de la hagiografía narra también como Agustín Salumbrino al servicio del noble Marco Aurelio Mansel se ve envuelto con el conde como acusado en un sonado crimen cometido en la ciudad de Roma. Se narra así:

Traía su amo el conde reñidas enemistades con otro gran caballero, sobrino de Gregorio XIII que a la sazón tenía la silla de San Pedro. Y sin saberse quién o cómo se haya cometido el delito le hallaron una mañana muerto. Lo sintieron grandemente sus parientes. Lleno de indignación el sumo pontífice mandó hacer rigurosa averiguación del delito. Y como era pública la enemistad que traía con el conde Aurelio, no fueron necesarios más indicios para prenderle con todos sus criados. Y como Agustín era el más válido suyo, fue el primero de quien echaron mano y a quien pusieron en prisiones más duras.

Aquí fue donde la envidia de los otros desfogó el fuego de indignación que tenían reprimido, porque aprovechando la ocasión le cargaron la culpa, juraron contra él y acriminaron el delito de manera que al principio le condenaron al tormento y después vista la probanza con la acusación de los testigos, a muerte pública.

Sabido por el conde, ofreció gran suma de dineros por su vida, pero fue sin fruto, porque como el muerto era tan gran caballero y pariente tan cercano del pontífice, no se dio oído a composición ni a perdón, mandando con riguroso decreto que se castigase ejemplarmente el delito.

Fue sin duda un crimen que conmocionó a Roma, intervino el Papa Gregorio XIII, estuvo involucrado un personaje de la nobleza, el “conde” Mansel, hubo detenciones, ofrecimientos de grandes sumas de dinero y la víctima se dice resultaba ser sobrino del pontífice.

Habiendo sido escrita la hagiografía décadas después de los acontecimientos, en Lima, muy lejos del lugar del lugar del crimen y no siendo su propósito ser una crónica es necesario contrastar los hechos narrados con los que se tiene registros históricos.

Bajo el pontificado de Gregorio XIII hubo muchos crímenes en Roma, sin embargo, ninguno con la resonancia del ocurrido en la noche del 17 de abril de 1581 en que es asesinado por un grupo de sicarios Francesco Peretti esposo de una hermosa dama llamada Vittoria Accoramboni.

La obra Crónicas Italianas (publicado en 1837) del escritor francés Henri Beyle (bajo el seudónimo de Stendhal) incluye el relato Vittoria Accoramboni, duquesa de Bracciano, basado en manuscritos antiguos que dice haber revisado cuando era cónsul en Civitavecchia, Roma. El asesinato de Francesco, según Stenhal ocurrió así:

“Francesco, que ya estaba en la cama con su esposa, recibió un papel de manos de una tal Catarina Bolognese, doncella de Vittoria, que le entregó un hombre llamado Domenico d´Acquaviva da Fermo, apodado “Mancino”. El papel estaba escrito a nombre de Mercelle, hermano de Vittoria, quien, siendo muy querido por Francesco como su hermana, había sido desterrado de Roma, pero no obstante la visitaba con frecuencia, acostumbrado a quedarse con Francesco. Marcelle lo convocó apresuradamente a un lugar especial en Monte Cavallo, donde le dijo que lo esperaba por un asunto muy urgente.

Francesco le contó todo a su esposa y, sin más dilación, se vistió para irse, no adonde pensaba visitar a su cuñado, sino adondequiera que lo llevara su desgracia. Ya vestido y armado únicamente con su espada, se disponía a partir cuando Camila, su madre, y todas las demás mujeres de la casa salieron a su encuentro. Le rogaron repetidamente que no saliera a esas horas, y Camila le dio muchas razones para apartarlo, basándose en la urgencia del momento, la repentina partida del mensajero tras la entrega de la Carta y muchos incidentes en la época gregorina, es decir, durante el pontificado de Gregorio III.

Francesco despreció todas estas razones, sobre todo al saber que el portador de la carta había sido Mancino, un hombre al que no solo conocía bien, sino del que se había beneficiado. Por lo tanto, partió armado como se describía, dejando en el corazón de su madre la dolorosa premonición del desastre inminente. El desdichado hombre ya estaba escalando la cresta del Monte Cavallo cuando, alcanzado por tres disparos de arcabuz, cayó al suelo indefenso. Entonces, acorralado por asesinos, lo apuñalaron en varias partes hasta asegurarse de su muerte”    

¿Qué motivo el crimen? La historia atribuye su autoría al duque Paolo Giordano Orsini, de una de las más ricas y poderosas familias romana y a su camarero u hombre de confianza Marcelle Accoramboni, cuñado de la víctima Francesco Peretti.  El primero, en razón de estar perdidamente enamorado de Vittoria y querer casarse con ella. El duque Orsini era viudo en razón de haber estrangulado a su primera esposa Isabel de Medici según las referencias históricas. Y el segundo, pues el matrimonio del duque con su hermana Vittoria le habría las puertas al poder y fortuna de los Orsini.

Este crimen se vincula a la prisión que sufrió Salumbrino por varias razones. Primero, porque encaja perfectamente en el tiempo, y hasta en el año en que llega Salumbrino de Milán a Roma. Segundo, fue un hecho que afectó directamente al Papa Gregorio XIII. Según la hagiografía porque el asesinado era su sobrino, sin embargo, la verdad es que era sobrino del cardenal Felice Peretti, quien a la muerte de Gregorio XIII lo sucedería como pontífice con el nombre de Sixto V. Tercero, porque estando de por medio el duque Orsini el juicio pasó por agua tibia y se ensañaron con la parte más débil Agustín Salumbrino cuando resultaba evidente que el asesinato había sido cometido por sicarios profesionales, sanguinarios y diestros en el manejo de armas bien pagados por el duque.

El nombre del “conde” Alexando Aurelio Mansel guarda varias inconsistencias. En nuestra investigación no hemos encontrado referencia alguna a un conde romano con ese nombre, es más “Mansel” no parece siquiera un nombre italiano. La cita del nombre podría deberse a un error de transcripción o traducción. ¿No podría haber sido más bien Marcelle o Marcello? (/mar-ché-le/), el cuñado de la víctima?  Esto explicaría porqué el Papa Gregorio XIII ordena la  inmediata prisión del "conde Mansel" basado en la carta que dio lugar a la emboscada y con el a sus sirvientes entre los que estaba Agustín Salumbrino. De otro lado, es obvio que Gregorio III no se hubiera atrevido a encerrar al duque Paolo Giordano Orsini. El título de conde puesto a Marcelle o Marcello no llama la atención pues era usual en Roma inflar el árbol genealógico de un noble de bajo nivel. 

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 Volviendo a la narrativa de la hagiografía, el llamado Conde Mansel vio en Agustín Salumbrino un joven "alentado y despierto, de buena habilidad y vivo ingenio". El noble romano "tuvo gran confianza en él comunicándole sus secretos, se valía de sus talentos para negocios de importancia". Pronto Salumbrino llegó a sobresalir entre todos los sirvientes convirtiéndose en el principal y el de mayor confianza. Esto despertó los celos y el rencor de los criados.

 

La vida le sonreía, vivía orgulloso, pleno de entusiasmo y poca reflexión como muchos jóvenes. Se encontraba ilusionado con la posibilidad de adquirir con el tiempo honra y hacienda. Quizás formar un hogar con una dama parecida a la que le alcanzó una manzana del árbol en las huertas del conde. Era fácil enamorarse.   


En el capítulo Cuarto de la obra la historia se cuenta así: "Le sucedió un día, siendo seglar, ir con el conde Alejandro su señor a un jardín adonde había mucha fruta y aunque los otros criados la vendimiaban, como fuesen los de palacio, el recatado mancebo no extendió la mano a cosa alguna de la huerta. Viendo una dama que a la sazón estaba allí ella le alcanzó una manzana del árbol, pero no con mala intención. Él la recibió por no mostrarse esquivo y descortés con quién le hacía el favor. Y acaso al tomarla tocó su mano la suya y tuvo tanto dolor de esta acción y de haber tocado la mano de la mujer que lloró este pecado toda su vida".


El roce de las manos parece sugerir la imagen de la mujer serpiente, encarnación de la tentación, que ofreció el fruto del árbol al joven Salumbrino. El autor suprime de la escena cualquier atisbo de sensualidad. Es posible que en la hagiografía la dama sea solo la alegoría del mundo que dejó por seguir su misión o la impresión que dejó en él la belleza magnética de Vittoria Accoramboni, hermana de su amo, y de la tragedia que vivió. Podrían ser ambas cosas lo que explicaría que Salumbrino bautizara a su diablo con el nombre de Chapín un calzado femenino. No deja de llamar la atención que pocos años después en 1612 el autor John Webster pusiera en escena su obra El Diablo Blanco (The White Devil) basada en los acontecimientos que dieron lugar a la tragedia de Vittoria. 

 

 

 

 

 

Vista de la Tor di Nona, prisión cerca al Hospital del Espíritu Santo. Tempera en pergaminos siglo XVII de Gaspar van Wittel

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En el libro no se registra el lugar en que Salumbrino fue detenido. En el Diccionario Histórico de la Compañía de Jesús de O´Neill y Domínguez se consigna que fue acusado de homicidio en Ravena y llevado preso a Roma. Desconocemos la fuente en que se basa esta afirmación. Sin embargo, tiene sentido, pues en ese momento los sirvientes del llamado conde Mansel, hombre de confianza del duque de Bracciano, Paolo Giordano Orsini, estaban bajo sospecha y buscando refugio.  

 Los acusados fueron encerrados e incomunicados en las torres prisión entre el castillo de San Ángelo y la plaza de San Pedro, en uno de los barrios de Roma más infectados de malaria.                                                             

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Agustín Salumbrino compareció en la cárcel ante el juez, fiscal y notario que daba fe de lo actuado y de las declaraciones. Los sirvientes le atribuyeron el crimen. "Aquí fue donde la envidia de los otros desfogó el fuego de indignación que tenían reprimido, porque aprovechando la ocasión le cargaron la culpa, juraron contra él y acriminaron el delito de manera que al principio le condenaron al tormento y después vista la probanza con la acusación de los testigos a muerte pública".  Habiéndose comunicado el fallo, la ejecución de la pena en la Roma palúdica era cuestión de días. Agustín Salumbrino sería trasladado al puente de San Ángelo para entregarlo a manos del verdugo para que cumpla su función ante un público que atendía a estos eventos a veces a dar vivas y en otras conmovido a pedir clemencia. Recién cumplidos los veinte años de edad esperaba su ajusticiamiento. Miraba su vida "...en un hilo".

 

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En estas circunstancias aparecían en la torre prisión los miembros de turno, por lo general dos, de la Confraternidad de laicos de San Giovanni Decollato (Lazar, 2005) conocidos también como Della Misericordia con el propósito de confortar al condenado y prepararlo en el arte del buen morir. La Confraternidad procuraba que el condenado aceptara que si bien iba a perder su cuerpo con ello iba a acrecentar las posibilidades de salvar su alma. Para esto debía conformarse con su suerte. Asimismo, debía perdonar a todos aquellos que lo llevaban a la muerte, a sus enemigos, la policía, los magistrados y al verdugo que lo esperaba con la cara cubierta en el puente de San Ángelo. Su misión era lograr que el reo asumiera la figura de un mártir, aun cuando hubiese sido un criminal; con mayor razón aun si se consideraba víctima de una injusticia. La posibilidad de llegar al cielo como el Buen Ladrón, sin siquiera pasar por el purgatorio, estaba cerca, como anota Nicholás Terpstra en base a Manuales de la época. Esto siempre y cuando aceptara su destino así como Jesucristo se resignó al suyo.


El confesor oficial en Roma en el caso de una ejecución, era por lo general un sacerdote de la Compañía de Jesús. El religioso encontró a un joven afligido de corazón que no necesitaba transitar por la vía purgativa de la primera semana de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, la estaba viviendo con sus cinco sentidos.


Como ocurría con frecuencia, la preparación mental y espiritual de los Della Misericordia y del confesor jesuita surtió efecto. Narra su biografía que Agustín Salumbrino "primero lloró sus pecados, conformándose con la voluntad de Dios, sin volverse contra los jueces, ni contra los que le perseguían". 

 

El  pacífico estado del joven Salumbrino provino de experimentar su fin próximo. El tiempo se detuvo, volvió a ser el niño de Forlí, de cuando el mundo estaba fuera de su control. No había que tener miedo solo fe (Marcos 5:36) Hoy era una semilla mañana una pequeña planta en el paraíso. Cuenta un jesuita nacido en las afueras de Bombay en la India, el padre Anthony De Mello, refiriéndose a un guerrero japonés apresado por sus enemigos, encerrado en un calabozo, que no podía dormir pensando que al día siguiente sería sometido a suplicio. Sin embargo se quedó dormido recordando la enseñanza de su maestro El mañana no es real. La única realidad es el presente. Concluye el jesuita diciendo: El hombre en el que el futuro ha perdido su influencia se parece a los pájaros del cielo y a los lirios del campo. Fuera preocupaciones por el mañana. Vivir totalmente en el presente: He ahí al hombre santo. 

 

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A punto de ser ejecutado "los jueces revocaron la sentencia y salió libre de la cárcel cuando él esperaba salir a padecer la muerte. Y no solo él salió sino también el conde y los demás criados".  En el impredecible orden de las cosas su hora no había llegado.

Su hagiógrafo atribuye el final feliz a la intervención divina. Escribe: "Vino la Reina de los Ángeles del cielo y glorificó con su luz aquel oscuro calabozo y mostrándose visible le habló como el ángel a Cristo en Getsemani diciéndole que no temiese, porque sería cierta su libertad y le sacaría de aquel trance victorioso; que se acordase de aquella merced que le hacía y le fuese agradecido"

Uno de los primeros en recibir la noticia de la mariofanía fue el padre Maborola, rector del Colegio Romano, según consigna su biografía (podría tratarse más bien del padre Próspero Malavolta, que fuera rector del Colegio de los jesuitas en Mantua y a quien habría conocido por su relación con San Luis Gonzaga) Durante los siglos siguientes la Compañía de Jesús reproduce esta información sobre la aparición visible de la Virgen María a Agustín Salumbrino cuando se encontraba encarcelado  no obstante que la aparición no guarda concordancia con la tradición católica. En este caso, la Virgen no se le aparece a una persona de conocida inocencia y santidad sino a un joven que lejos de mostrar una vocación religiosa había optado por vivir la vida en el mundo.  A pesar de ello, se le reconoce el privilegio de haber sido de los pocos de la orden que experimentaron estas visiones. Otros jesuitas fueron Ignacio de Loyola, Estanislao Kostka (novicio que muere de malaria antes de cumplir los dieciocho años) y Luis Gonzaga. 

En estas manifestaciones la Virgen  se muestra más resplandeciente que el sol y más bella que la luna según se da cuenta en el Capítulo Segundo del libro. En el Capítulo Tres de la obra se afirma que estas visiones ocurrían con frecuencia: "...le pagaba su devoción esta celestial Señora tan colmadamente que todas las semanas dos veces baja del cielo a visitarle y esforzarle en su trabajo y a regalarle con su presencia y muy dulces palabras. Y que en el camino por tierra y en la navegación por la mar le hizo este regalo y le continuó en las Indias, al paso que el siervo de Dios, como tan humilde; y si el hijo suyo la sirvió toda su vida, que es un favor muy singular, que no se lee de otro santo y que arguye gran pureza de alma y gran amor de Dios y fervor de espíritu y devoción cordialísima con la Reina de los Angeles". 

La hagiografía, esforzada en magnificar la santidad del personaje, sostiene que: "... los jueces enterados de su inocencia y movidos por su grande virtud, revocaron la sentencia y salió libre de la cárcel, cuando él esperaba salir a padecer la muerte. Y no sólo él salió sino también el conde y los demás criados, ordenándolo así Dios. Y componiendo las cosas por los méritos de su siervo: antigua costumbre suya hacer favor a muchos por los méritos de un justo".

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Otra posibilidad, no excluyente de la anterior, es la de que el arzobispo y cardenal Carlos Borromeo, protector del joven Salumbrino, y políticamente emparentado con los Orsini haya abogado ante Gregorio XIII para la liberación del conde Mansel (Marcelle) y demás criados. Un año antes de morir, a fines de 1583, el arzobispo fue a Roma a entrevistarse con el Pontífice, del que había sido alumno y que era su amigo de muchos años. El Papa lo esperaba para tratar con él dos asuntos muy graves uno que tocaba a la ciudad de Bolonia, precisamente de dónde provenía su familia y el sobrino asesinado; otro, referente a un conflicto entre dos grandes príncipes de Italia que le tocaba a él resolver. La intervención de Carlos Borromeo, a quien Agustín Salumbrino le debería la vida, explicaría la devoción que tuvo por él. Señala  el autor: Y el santo arzobispo le dio una cruz de reliquias en prendas de su amor, la cual guardó el hermano Agustín toda su vida, como una preciosa reliquia recibida de mano de tal santo.

Mientras Europa se debatía en asuntos de intriga humana, un ser diminuto, el Plasmodium, ajeno a estas querellas, cruzaba el Atlántico en busca de nuevos horizontes. Invisible a los ojos, pero no a sus víctimas, este parásito microscópico se embarcó en una expedición silenciosa hacia el Nuevo Mundo, donde la sangre humana fluía en abundancia.

Aunque se cree que el Plasmodium realizó sus primeros desembarcos junto a Cristóbal Colón, fueron escaramuzas iniciales. Su gran oportunidad llegó con la trata negrera, cuando miles de africanos fueron transportados en barcos negreros, convirtiéndose en involuntarios vectores de la enfermedad. El parásito, oculto en el cuerpo de estos desafortunados, encontró en el Nuevo Mundo un nuevo campo de batalla para su cacería de glóbulos rojos.


Entre tanto, Carlos Borromeo arzobispo de Milán y cardenal de Roma emprendió en 1584 una visita a las villas y ciudades de la arquidiócesis. Partió al este hacia Novara, Masserano y Vercelli, atravesando una extensa área pantanosa, dónde contrajo la malaria. En esa estación del año, todavía pululaban  en los terrenos anegados los mosquitos, la caballería alada del Plasmodium. El año anterior había enfrentado a los herejes protestantes así como procesado, interrogado, torturado y finalmente llevado a la hoguera a once brujas en el Valle de Melsocina en el país de los grisones. Ahora le tocaba caer en la red de un microscópico ser causante de más muertes que las infundidas por todos los ejércitos. En la lógica de los paracelsistas, así como existían arcanos o energías ocultos, luces de la naturaleza, lumen naturae, que van mostrando el secreto de la cura también habían otros causantes de la enfermedad, en el caso de la fiebre el exceso de azufre.

Para cerrar este capítulo, diremos que una vez que asume el papado Sixto V, tío del sobrino asesinado, el duque Paolo Giordano Orsini y Vittoria Accoramboni fugan de Roma hacia el norte de Italia, donde muere el duque. Al mes siguiente Vittoria es asesinada por uno de los Orsini. De Marcelle, que presumimos era el conde Marco Aurelio Mansel en la hagiografía terminó decapitado por mandato de Sixto V.

                                                              

Bibliografía del Capítulo 2

En adición a la hagiografía de Agustín Salumbrino, en este Capítulo 2 hemos recurrido a las siguientes fuentes complementarias:

-JOHN WEBSTER, The White Devil (El Diablo Blanco), obra de teatro, Londres, 1612

-STEFANO INFESSURA, Diario Della Citta Di Roma, Instituto Storico Italiano, Roma 1890

-JUAN PEDRO GUISSANO, Vida de San Carlos Borromeo, Madrid, 1626

-FRANCISCO XAVIER FLUVIA, Vida de S. Ignacio de Loyola, Fundador de la Compañía de Jesús, Tomo II, Barcelona, 1753

-ALEXANDER DUMAS, CELEBRATED CRIMES, THE CENCI, eBook, Proyect Gutemberg, edición de 1910

-ANTHONY DE MELLO, El Canto del Pájaro, Bilbao 1982

-ANNETTE COLIN-SIMARD, Las Apariciones de la Virgen, Madrid 1993

-LEOPOLDO VON RANKE, Historia de los Papas, México, 1997

-BARRY MILES, Many Years From Now, Gran Bretaña, 1997  

-CHARLES O´NEILL y JOAQUÍN MARÍA DOMINGUEZ, Diccionario Histórico de la Compañía de Jesús, Tom. IV, Madrid 2001

-ROBERT SALLARES, Malaria and Rome, History of Malaria in Ancient Italy, Oxford, Nueva York, 2002

-CESAR VIDAL MANZANARES, Diccionario de los papas, Barcelona 2002

-CHRISTOPHER F. BLACK, Italian Confraternities in the Sixteenth Century, Cambridge University, 2003

-THOMAS V. COHEN y ELIZABETH S. COHEN, Words and Deeds in Renaissance Rome, Toronto, 2005

-LANCE GABRIEL LAZAR, Working in the Vineyards of the Lord, Jesuit Confraternities in Early Modern Italy, Toronto 2005

-NICHOLAS TERPSTRA, Catechizing in Prison and on the Gallows in Renaissance Italy: The Politics of Comforting, Toronto 2008

-WWW.PAPASISTOV.IT, De Vittoria Accoramboni: Una Tragedia 





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