Capítulo 6: CARTAGENA DE INDIAS


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Después de haber vivido cuarenta años en Italia, peregrinando entre Forlí, Milán y Roma Salumbrino parte a América del Sur para cambiar la historia de los seres humanos. Además de la visiones que tuvo en Roma cuando estaba esperando su ejecución y luego cuando decidió su ingreso a la Compañía de Jesús, ¿recibió algún otro aviso de la Virgen María o siquiera tuvo la corazonada de que la misión debía cumplirla cruzando los grandes océanos y en playas tan lejanas? No lo sabemos.  

Lo cierto es que los acontecimientos se ordenaron de tal forma que causaron el viaje y su encuentro con el árbol de quina. Cómo hemos sustentado en el primer capítulo uno de los encargos principales que debió tener el padre Diego de Torres Bollo como procurador de la Provincia Jesuita del Perú en Roma fue el de traer a Lima a un enfermero y boticario experimentado, por la gran falta que hacía en dicha importante Provincia así como para echar a andar la costosa enfermería que habían construido en el Colegio de San Pablo.  

Los candidatos posibles debieron ser varios y todo hace pensar que entre ellos no estaba Salumbrino, no por falta de méritos sino por el interés de los superiores jesuitas de mantenerlo en Roma. Sucedió sin embargo que el padre Diego de Torres Bollo, entonces de cincuenta y tres años de edad, se aprestaba a regresar al Nuevo Mundo cuando cayó gravemente enfermo y fue internado en la enfermería de la Compañía de Jesús en Roma. La enfermedad lo había puesto al borde de la muerte. 

El enfermero que lo atendió fue Agustín Salumbrino. Cuenta su biografía que el padre Diego de Torres después de a Dios a Salumbrino le debió la vida, porque lo curó con gran cuidado, cocinándole, dándole sus medicinas a tiempo así como todo lo necesario para su salud, recuperándose antes de lo previsto.

El padre Diego de Torres Bollo llegó a Roma precedido de sus muchos méritos en las misiones en el Virreinato del Perú. Ya entonces era conocido como un gran protector de los derechos de los indígenas, de su libertad, salud, vida familiar, cultura y patrimonio frente al abuso del poder español, a través de los encomenderos e incluso de muchos clérigos movidos por la idolatría al dinero. Gentes que venían al Perú solo para lucrar y remesar oro y plata a España; riquezas que finalmente se dilapidaba en las continuas guerras de poder en que se involucraba la corona española.  

 
Salumbrino recibió mucha información del Perú de Torres Bollo. El padre, no obstante su origen español, hacía tiempo se había fusionado con el Nuevo Mundo y ya era parte de él. Hablaba bien el quechua y el aymara llegando al alma de los nativos y reconociendo en sus culturas la presencia originaria de Dios. Depués de cuatrocientos años la presencia jesuita en El Altiplano sigue siendo visible en las festividades centrales de la población. En la provincia de Yunguyo, por ejemplo, el santo patrón sigue siendo el Tayta Pancho, que es San Francisco de Borja.  Sin duda las referencias que más interesaron a Salumbrino eran aquellas que tenían que ver con la práctica de la medicina misionera de los jesuitas, en la que Torres Bollo tenía gran experiencia.  Había sido superior en Juli, en el Altiplano del Perú, la misión más importante de los jesuitas. Allí la Compañía desde su llegada en el siglo XVI fundó y administró un hospital con dos salas para la atención de los indios. Como Rector del Colegio Jesuita del Cuzco, desplegó todo su amor misionero y habilidad organizativa para enfrentar la epidemia de viruelas de 1589, enfermedad que diezmó a la población. 


En esta parte de la historia, su biógrafo nos da cuenta de otros dos rasgos importantes de Salumbrino, era afable y alegre y robaba el corazón a cuantos trataba. Una personalidad así debió haber sintonizado desde un primer momento con Torres Bollo quien hacía gala también de buen humor y de rasgos poco acartonados. Era entretenido y un buen jugador de damas.   

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Durante su estancia en Roma, el general de los jesuitas padre Claudio Aquaviva encomendó al padre Torres Bollo la tarea de fundar la nueva Provincia Jesuita del Paraguay, independiente de la del Perú.

El padre Torres Bollo salió de Roma aún convaleciente. Esto explica, en parte, la razón por la que a Salumbrino se le encarga acompañarlo. Fue una buena previsión pues durante todo el viaje por mar y tierra hasta Sevilla anduvo falto de salud. Otro motivo del que da cuenta su biografía, es el de que Torres Bollo desplegó esfuerzos por que se le asignara a Salumbrino por la impresión que le había causado su persona así como sus cuidados y caridad hacia los enfermos.

Parece que no le fue fácil al padre Torres Bollo convencer al Padre General de llevarse a Salumbrino hacia el Nuevo Mundo, por el aprecio que le tenían en Roma. 

De otro lado, Salumbrino era ya un hombre de cuarenta años de edad, con una vida organizada, con metas trazadas, se había realizado como enfermero y boticario y estaba rodeado de muchas personas que lo apreciaban. Quizás en sus oraciones, con resignación, le preguntó más de una vez a María si el viaje tendría algún propósito.

En la corte de España el padre Torres Bollo consiguió el permiso del rey para traer a la provincia del Perú cincuenta religiosos, treinta españoles y veinte extranjeros, principalmente italianos, uno de los cuales era Agustín Salumbrino. Aquí nuevamente Torres Bollo desplegó su don de diplomático, puesto que tuvo que vencer las restricciones existentes para el viaje de extranjeros al Perú.

Gestionó también que los negros esclavos estuvieran bajo la protección de la Iglesia en parroquias. Pedido difícil en tiempos en que existía el convencimiento de que el demonio era etíope y negro. En principio su pedido tuvo acogida pero no en la práctica. Por cierto habían muchos intereses de por medio en el negocio de la trata de esclavos.

Fueron a Sevilla a disponer las cosas del viaje, era ya invierno. Se quedaron hospedados en un hospital de San Lucar de Barrameda durante dos meses a espera de embarcarse en los barcos de la Armada Real.


Mapa siglo XVIII Cartagena de Indias (flecha roja de la derecha) y Portobello (flecha roja de la izquierda)
http://www.provincia.fc.it/cultura/antonelli/ESP/StoriaAttivita/StoriaAttivita.html


Todos los jesuitas viajaron juntos en el mismo navío. En la navegación, los más de los misioneros experimentaron aquellos ordinarios efectos que causan los vaivenes y vapores del mar, alterando la cólera con terribles arcadas y vómitos. El padre Torres iba de catre en catre asistiéndolos, sin duda con Salumbrino al costado.

Tres de los misioneros murieron en el viaje de España a América. A uno le dio una fiebre tan alta que lo sacó de quicio.


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En el puerto de Cartagena de Indias, en la península del mismo nombre, en medio de un paisaje de selva, de pantanos, de mucho calor y humedad ocurrió el encuentro de Salumbrino con el Nuevo Mundo. Por aquí salía el oro y la plata a España y venían los esclavos del África, muchos infectados de la malaria. El Plasmodium llegaba a un ecosistema que le permitía expandirse a sus anchas.


Cartagena era un pueblo de casas de madera, con muy pocas edificaciones de cal y ladrillos. Tenía una población española de aproximadamente ocho mil habitantes, con casi igual número de esclavos africanos o descendientes. La población indígena había ido disminuyendo hasta hacerse casi imperceptible.  


El Plasmodium falciparum, causante de la malaria conocida como terciana maligna, llegó al Perú en el siglo XVI e inicios del XVII con los esclavos africanos principalmente por la vía de Cartagena de Indias. En algunas partes de la costa occidental del África estas fiebres eran endémicas, razón por la que los barcos de los traficantes de esclavos preferían esperar la carga en el mar que acoderados a puerto. 


El origen africano del germen y su llegada al Perú en los tiempos de la colonia a través del comercio de esclavos ha sido materia del estudio genético publicado por la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos de América, que se cita en la bibliografía del presente Capítulo. Esta obra es fruto de un esfuerzo de colaboración internacional del que participaron institutos de salud, universidades, entre ellas la Universidad Peruana Cayetano Heredia, y científicos de distintos continentes.


Los investigadores colectaron cientos de muestras de sangre infectada en diecisiete países. Al analizarlos encontraron en América del Sur dos grupos genéticos distintos del Plasmodium falciparum, uno al norte  y otro al sur, más cercanos a sus raíces africanas que entre sí. Esta información científica cruzada con la histórica les permitió descubrir dos rutas de ingreso relativamente reciente del patógeno a América a través del tráfico de esclavos. Una, por el norte a través de Cartagena de Indias y la otra por el sur a través de Brasil.

Juan Méndez Nieto, el primer médico que arribó a Cartagena de indias en 1569 en su obra Discursos Medicinales escritos de 1606 a 1609 informaba ya de la existencia de las tercianas y cuartanas en ese puerto colombiano. Igual información existe de esa época para Panamá. El doctor Méndez llegó al puerto con su esposa, hijos y treinta negros de su propiedad.


Salumbrino no sabía de sangrías, ni las practicaba. Esto lo sabemos pues uno de los padres que estaba con él en Cartagena fue aquejado de fiebres y no había quien con seguridad supiese dar este tratamiento que entonces se consideraba el aconsejable. La historia de la época cuenta que un murciélago mordió al padre enfermo haciendo así el oficio del cirujano y que con esto sanó. Esta deliciosa anécdota muestra la confianza que se tenía en la providencia y en la sangría para curar a los enfermos de fiebres.

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Torres Bollo y sus misioneros navegaron de Cartagena a Portobelo, puerto donde muchas personas enfermaban de fiebres. Luego atravesaron el itsmo por tierra y sobre mulas, admirando la frondosa vegetación, las exóticas aves, los saltos de los monos en los árboles pero también soportando las plagas de hormigas. Según narra Gerónimo Pallas cuando a él le tocó hacer el mismo viaje pocos años después, prendían candelas alrededor para que el humo ahuyentara a los mosquitos de suerte que estos huían y ellos lloraban. Sufrían de los grandes aguaceros, cabalgando largos trechos dentro del río o de ciénegas infestados de caimanes, durmiendo en precarios tambos, corriendo el riesgo de ser picados por serpientes, hasta llegar en cuatro días a la ciudad de Panamá; ciudad temida como Portobelo por las calenturas que daba. Panamá era un puerto con muy poca población española, unos quinientos vecinos, en cambio tenía ya como diez mil africanos esclavos o libertos. No había ya población indígena.


Luego de arribar al puerto de Paita en el Perú Torres Bollo recibió el encargo del provincial de Lima de dirigirse por tierra a la ciudad de Trujillo a darle la bienvenida al nuevo virrey del Perú el conde de Monterrey, Gaspar de Zúñiga, que venía del Virreinato de Nueva España, México. El virrey se encontraba enfermo y convaleciendo en Trujillo.

El padre Torres Bollo se apartó del resto de los misioneros que siguieron viaje a Lima. Tomó dos compañeros y sacó a tierra a otros dos cuyas vidas corrían peligro en el mar. Resulta verosimil pensar que para cuidar a estos dos llevó consigo a Salumbrino. Llegó a Trujillo dónde visitó al virrey; esto debió ocurrir alrededor del mes de octubre de 1604.

Los compañeros que venían en barco tuvieron varios contratiempos en la navegación de Paita al Callao y llegaron un mes después que el padre Torres Bollo y Agustín Salumbrino a la ciudad de Lima para celebrar todos juntos la Navidad.

Bibliografía del Capítulo 6

-ALONSO DE ANDRADE, JUAN EUSEBIO NIEREMBERG, Varones Ilustres en Santidad, Tom. V, Madrid, 1666  

-PEDRO LOZANO, Historia de la Compañía de Jesús en la provincia del Paraguay, Madrid, 1754

-NICOLÁS DEL CASTILLO MATHIEU, Juan Méndez Nieto, Autor del Primer Tratado Colombiano de Medicina, Thesaurus, Tomo XLV, Número 2, Centro Virtual Cervantes, 1990

-JOSÉ J HERNÁNDEZ PALOMO, Misión a las Indias, por el P Gerónymo Pallas, Estudio y Transcripción, Sevilla 2006

-ERHAN YALCINDAG Y OTROS, Multiple independent introductions of Plasmodium falciparum in South America, National Academy of Sciences of the United States of America, 2011















 

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